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Publicado: 25/07/2010
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Fuente: Clarín Turismo

Impresiones de una visita al tradicional centro termal, un destino que combina descanso, recreación y salud. Los hoteles, servicios y terapias.

Hay algo que no corre peligro de extinción en este planeta, más precisamente, en Santiago del Estero: la siesta. No conforme con haber contribuido de forma generosa con esa causa, esta cronista puede dar fe de que no se ha inventado aún la excursión, la actividad recreativa o el tratamiento de spa que logre interrumpir ese momento sagrado. Por eso, es bueno advertirlo desde el comienzo de la nota: si alguien llega desde una gran ciudad a Las Termas de Río Hondo, lo primero que hará será desentonar. ¿Los motivos? Aquí las personas caminan lento (y no sólo quienes superan los 60 años) y conservan hábitos tales como saludar y escuchar al otro con atención. Además, por alguna razón que no cuentan, sonríen varias horas al día. Y arman milongas en la calle, donde olvidan con facilidad que el azar bailó toda la noche con la banca en el casino.

Sin embargo, aun cuando todos estos argumentos no alcanzaran para movilizar a un porteño o a un rosarino –por sólo nombrar a un par de ciudadanos de urbes bulliciosas– hasta esta provincia del Noroeste argentino, las propiedades de las aguas termales de Río Hondo se encargarán de disolver cada contractura y convencerán al más incrédulo.

Dicen que el que avisa no traiciona: el contraste cultural recuerda a un abismo al llegar a estas latitudes y resulta difícil bajar los decibeles en un abrir y cerrar de ojos. “¿Se siente bien?”, pregunta, asustadísima, una mujer a la que casi atropello en los pasillos del Hostal del Abuelo, en medio de una carrera hasta mi habitación, porque mientras desayunaba caí en la cuenta de que había olvidado una lapicera (!). Veinticuatro horas más tarde recién empezarán a decantar algunas de las lecciones santiagueñas sobre el sinsentido del apuro como forma de vida, gracias a la amabilidad de los lugareños, la sabrosa gastronomía casera y, especialmente, el efecto revitalizador y saludable que van produciendo las aguas termales en tiempo y forma, y en cuerpo y alma.

Como un buen presagio, la mañana de sábado comienza con frío seco y sol a pleno. Una primera recorrida por el centro derrumba el primer mito: además de adultos mayores (que los hay, los hay, y en grandes cantidades), muchísimas familias con chicos eligen esta ciudad como opción de descanso y esparcimiento.
Escapándole al calor del verano, la temporada turística más fuerte se centra en las vacaciones de invierno, pero comienza en Semana Santa y se prolonga hasta bien avanzada la primavera.

La infraestructura resiste el paso del tiempo y crece, ya que cuenta con unos 150 establecimientos hoteleros y parahoteleros (es decir, departamentos y casas en alquiler, cabañas y cinco campings), sumando más de 14 mil plazas, mientras sobre la ruta 9 se está construyendo un hotel 5 estrellas.
En la actualidad, entre los hoteles más lujosos y completos figuran Los Pinos Resort & Spa Termal, El Hostal del Abuelo (Hotel & Spa), Yacú Rupaj Resort-Spa Termal y Marina del Faro Resort & Spa.

Una ciudad termal

Claro está, cuanto más completos sean los servicios que brinda el hospedaje elegido, más se disfruta de la estadía, ya que se trata de un destino donde el alojamiento y los tratamientos vinculados al agua termal juegan un papel primordial. Pero no hay que olvidar que Las Termas de Río Hondo no son un centro termal con infraestructura: es una ciudad termal. Por eso, todas las viviendas y los hoteles –sin importar la categoría– cuentan con este agua desbordante de propiedades curativas y paliativas.

Con unos 30 mil habitantes, la ciudad se encuentra a 1.107 km de Buenos Aires, a 65 km de la capital de Santiago del Estero y a sólo 87 km de San Miguel de Tucumán. Una de las formas más rápidas de llegar al lugar es volar a Tucumán y tomar una combi a Río Hondo.

Precisamente, la ubicación geográfica tiene injerencia en la mayor virtud y atracción del lugar. Estar situado sobre un multiacuífero termominero medicinal, con temperaturas que oscilan entre los 30°C y los 85°C, le confiere características únicas y permite que la ciudad se encuentre dotada de agua termal en su totalidad.
Para enteder algo más el fenómeno que se produce en Río Hondo, podemos decir que las precipitaciones que se producen en la ladera Este de las Sierras del Aconquija, en Tucumán, llegan hasta las capas impermeables formando una suerte de “fuente geológica”. Entonces, ese agua de lluvia atraviesa distintas capas de los estratos geológicos y sufre dos cambios fundamentales: uno es físico (el aumento de la temperatura) y el otro es químico (se carga de minerales).

Si bien con pocos metros de distancia los pozos pueden ser más o menos salados, las aguas del lugar han sido clasificadas como alcalinas, bicarbonatadas, clorosulfatadas y ferruginosas con pequeñas cantidades de hierro, calcio, magnesio, sodio y potasio.

Para los que odiaban Química en el colegio, les bastará comprobar algunas de sus propiedades terapéuticas. Por ejemplo, ayudan en diversas afecciones musculares, trastornos circulatorios, problemas respiratorios, el estrés y enfermedades reumáticas y de la piel, entre otras cosas.

Vivir para contarlo

Después de haber tenido en cuenta todos los recaudos del caso y de experimentar una llamativa mejoría en mi espalda, víctima directa del uso excesivo de la PC y la notebook, llega la hora de disfrutar de los servicios del Spa Lúdico Termal Agua de Vida.

De principio a fin, se trata de un espacio pensado para el relax. Lo mejor es entrar luciendo el atuendo de rigor para el lugar: una bata de toalla blanca sobre el traje de baño. Entonces sí, uno está listo para realizar el circuito hídrico.

Una de las opciones es comenzar a recorrerlo por el sauna seco, que consiste en una cabina de madera donde se eliminan toxinas e impurezas gracias a la dilatación de los poros, y donde se aumenta la capacidad de intercambio de oxígeno y se relaja el sistema nervioso.

Desde allí se pasa al baño de vapor, a 50°C y con un 70% de humedad relativa. Sin permanecer más de 15 minutos (y en ese caso, hay que salir cada 5 minutos para refrigerarse con una ducha fría), es un buen momento para tomar una ducha escocesa (con fuertes chorros que impactan por doquier) hasta acceder a la estrella del spa: la piscina lúdica. Como su nombre lo sugiere, además de recibir las bondades del agua hay que permitirse jugar. La pileta tiene hidrojets, bancos y camas de relajación, chorros de presión laterales y cuellos de cisne que aplican masajes en las regiones cervical, dorsal, lumbar, abdomen y extremidades inferiores (¿queda algún rincón de la anatomía por relajar?).

Finalmente, con agua y té a disposicón del huésped, se llega a la sala de relax con aromaterapia. La música suave, la luz más tenue aún, las fragancias delicadas y las camas con frazadas individuales se encargan de combatir el último resto de estrés (si queda algo).
Al día siguiente, se recomienda pedir turno en los gabinetes de masajes y de fangoterapia. Esta última, tiene la particularidad de efectuarse con lodo mineromedicinal de la zona. Imposible arrepentirse: la piel se lo agradecerá.

De historias, leyendas y turistas

Cuenta la leyenda que hacia 1590 Francisco Solano visitó el lugar buscando madera para construir un templo en Santiago. Por aquellos lejanos días, habría vaticinado la desaparición del caserío bajo las aguas, un hecho que ocurrió cuatro siglos más tarde, cuando se construyó el Dique Frontal Río Hondo. En su honor, en el Parque Agua Santa se levantó una estatua, muy visitada por mujeres que no pueden quedar embarazadas. Según la creencia popular, después de beber el agua que corre en el suelo que habría visitado Francisco Solano, ocurre “el milagro”.

Un buen lugar para profundizar sobre estos temas es el Museo Histórico de la ciudad, que cuenta con un rincón de arte sacro (hay tallas de madera del siglo XVII) y objetos que se remotan al origen del turismo en Río Hondo.

Fuente: Clarín Turismo


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