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Publicado en 05/02/2012 Fuente: Los Andes Turismo |
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Al visitar Cafayate, es imprescindible recorrer un par de bodegas, pues a la elaboración de vino se dedica la gente mayoritariamente.
Hay que probar el Torrontés, más bien todos ellos, cada uno con su toque de calidad y pasión. En cuanto a las casas que los elaboran, las hay muy antiguas y otras súper modernas, con vinos caseros y premiados. En todos los casos se nota el trabajo de plantar y producir en esas latitudes y, por supuesto, los valores que la región y el clima otorgan a los caldos.
En este derrotero no olviden, bajo ningún punto de vista, conocer el Museo de la Vid y el Vino, un verdadero tesoro. Está a la vanguardia de los museos temáticos argentinos, posicionándose como uno de los más originales e innovadores dedicados al vino de todo el Mundo. Con salas equipadas con diversas propuestas audiovisuales y un presentador interactivo que acompaña en el recorrido, el visitante aprende y se enamora del fruto y de su resultante, de la gente de este poblado que desde hace siglos se esfuerza por sacar lo mejor de estas tierras.
Degustaciones, restaurantes y alojamiento entre viñas, como exclusivos spa que ofrecen terapias de vino y olivo, integran la carta cafayatense. Para los que vayan más adelante, en marzo, la vendimia comunitaria de la Finca Las Nubes es ineludible. Durante todos los días del año, en la bodega de José Luis Mounier, su esposa Mercedes da la bienvenida a los viajeros.
Fanática de la localidad y apasionada por los vinos cuenta la historia familiar y los secretos de las cepas y su elaboración, realiza una divertida degustación para posteriormente invitar a los turistas con una exquisita picada. Los mejores vinos maridados con quesos de cabra y oveja caseros, fiambres y panes saborizados, un lujito la magnífica vista del valle.
Fuente: Los Andes Turismo
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