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Publicado en 06/09/2009 Fuente: Los Andes Turismo |
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En una época la extensión estaba cubierta de agua con gran cantidad de sales provenientes de la actividad volcánica. La lenta evaporación secó el suelo dando origen al impresionante desierto blanco.
Constituyen una de las imágenes más deslumbrantes del norte argentino a 3.500 m.s.n.m., en la provincia de Jujuy.
Aquello que fuera una inmensa laguna cuyas aguas poseían numerosas sales y minerales aportados por la actividad volcánica de la cercanía, se transformó, con el paso del tiempo y los efectos de vientos y evaporación, en un salar de más de 200 km2. La inmensa superficie blanca llega a contar con 50 cm de profundidad en algunos tramos.
Si ya la Quebrada de Humahuaca sorprende y regocija al corazón, vale la pena seguir el camino hasta las Salinas Grandes, esas que por su extensión ocupan el 3er lugar en el planeta.
En trayecto que separa los coloridos cerros del universo blanco es tan atractivo como kilómetros antes. Entre montañas y caminos sinuosos desde Purmamarca, Suques y otros encantadores poblados quebradeños, la ruta sigue hasta la famosa cuesta de Lipán, ascendiendo en forma espiralada hacia más de 4.100 metros de altura.
Desde allí aparece como un espejismo la primera panorámica de las salinas a lo bajo. El próximo paso será descender un tramo para encontrar el increíble paisaje desolado.
El suelo resquebrajado e inhóspito para la vida bajo un sol implacable, dibuja mil formas enrarecidas, sólo la sierra de Chañi a los lados nos recuerda que estamos en la tierra, sino cualquier semejanza con la ficción es bienvenida.
Mientras se atraviesa el despojado paisaje, los trabajadores de la salinas ataviados con pesados abrigos y anteojos oscuros para no enceguecer, son el plano más duro. Ellos sacan trozos de sal en sus jornadas laborales por demás precarizadas. Vienen de los pueblos cercanos y pasan allí 8 horas bajo el despiadado clima que varía su temperamento en enero y febrero cuando las lluvias provocan inundaciones y la sal se embebe de agua.
Uno de los métodos de extracción es el denominado de sal lavada, que explican a orillas de los piletones, también el raspado y los llamados panes de sal que se moldean con herramientas como picos o hachas. Los hombres a fuerza de horas y conocimiento del lugar, han logrado retratar el paisaje puneño en tallados de sal que se transforman en souvenirs.
El silencio pronto se apodera del lugar, y es claro, en la absoluta soledad de la tarde cuando los obreros regresan a sus hogares, cuando los excursionistas se apresuran por volver a sus alojamientos, el gélido frío se hace dueño de todo, incluso de los lejanos sonidos.
Fuente: Los Andes Turismo
http://www.losandes.com.ar/notas/2009/9/6/turismo-444458.asp
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